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18 de Septiembre, 2006
Por arte de birlibirloque dejé de ver mi blog hace unos días. Cosas de la red, por estos pagos, y eso que nunca saco los pies del tiesto. He decidido mudarme de nuevo, esta es la nueva dirección:
http://chinotopia.blogspot.com
Decenas de cientos de miles de millones de gracias a Javi (Esparaván), que ha transportado todas las cajas a la casa nueva, con sus fotos y sus libros y todo. Menudo trabajo se ha dado, y yo metiéndome siempre con los informáticos... Lo dicho. Perdonadme tanto ajetreo, no lo tenía planeado así. Espero que sigáis leyendo lo que escribo. Sois poquitos, pero me caéis bien. La inauguración es ya mismo, estáis todos invitados.
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17 de Septiembre, 2006
Según la Ley 2/1982, de 23 de Diciembre, la Comunidad Autónoma de Madrid cuenta con su propio himno. El himno de Madrid, compuesto de tres estrofas, es obra de Agustín García Calvo. La letra del himno es la siguiente:
Yo estaba en el medio: Giraban las otras en corro, Y yo era el centro. Ya el corro se rompe, Ya se hacen Estado los pueblos, Y aquí de vacío girando Sola me quedo. Cada cual quiere ser cada una: No voy a ser menos: ¡Madrid, uno, libre, redondo, Autónomo, entero! Mire el sujeto Las vueltas que da el mundo Para estarse quieto.
Yo tengo mi cuerpo: Un triángulo roto en el mapa Por ley o decreto Entre Ávila y Guadalajara, Segovia y Toledo: Provincia de toda provincia, Flor del desierto. Somosierra me guarda del Norte y Guadarrama con Gredos; Jarama y Henares al Tajo Se llevan el resto. Y a costa de esto, Yo soy el Ente Autónomo último, El puro y sincero. Viva mi dueño, Que, sólo por ser algo, Soy madrileño!
Y en medio del medio, Capital de la esencia y potencia, Garajes, museos, Estadios, semáforos, bancos, Y vivan los muertos: ¡Madrid, Metrópoli, ideal Del Dios del Progreso! Lo que pasa por ahí, todo pasa En mí, y por eso Funcionarios en mí y proletarios Y números, almas y masas Caen por su peso; Y yo soy todos y nadie, Político ensueño. Y ése es mi anhelo, Que por algo se dice: De Madrid, al cielo.
Lo más madrileño de todo, y muy acertado a pesar de que en general no me gusta mucho el himno, son las dos frases en cursiva.
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17 de Septiembre, 2006
Nunca he leído nada de este escritor. Murió el último día que pasé en España, 30 de agosto de este año. Fue en el avión, leyendo El País, ya el día 31, donde me topé con un artículo muy interesante sobre su vida y obra. Pena que el periodista -no conservo su nombre, pero si lo supiera no lo diría- aprovechara tan delicada ocasión para arremeter contra Aznar. Los hay que no pierden oportunidad de comportarse corporativamente. Ya se sabe, al enemigo hay que darle collejas hasta en el funeral de su madre. Aparte de eso, dos pequeñas frases resaltadas en el texto. Son las siguientes:
"El sentido de la vida", dice Mahfuz, "no es independiente de la vida misma. Vivir quiere decir comer, beber, dormir, amar, trabajar, pensar. Tal es el sentido de la vida."
"La religión es amor a la gente y a la vida, una relación íntima entre la persona y Dios." Eso en recuerdo de Bin Laden, y de Bush -y del periodista que no aparca la política ni a la puerta del cementerio-.
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17 de Septiembre, 2006

En el DJ's estábamos. Un sitio infame. Para entrar en el garito tuvimos que sortear a un montón de chinos sin camiseta que comían pinchos morunos en unas baquetitas minúsculas, alrededor de la escalera de subida, que era fina: la típica de una peli de Batman, ya sabéis, donde venden droga o están a punto de violar a la chica. Subimos. Dentro, cuatro minorías étnicas muy habituales entre los estudiantes de chino de la ciudad -minorías mayoritas, digo, porque yo mismo era entonces una minoría de lo más minoritario que se ha visto jamás-. Vamos a darles un repasillo:1. Dos en una. Japoneses y koreanos. No tengo ni la más remota idea de cómo distinguirlos a simple vista. He preguntado a algunos chinos, pero se sienten confusos ante tal dilema. Aquí algunas de las respuestas que me han dado, para que veáis que es todo menos una ciencia exacta: a: por el idioma. Qué listos, qué graciosos, y si les pregunto directamente de dónde soy también lo adivino. b: los koreanos son más metrosexuales que los japoneses. Pus vaya pista. c: los koreanos llevan los zapatos sucios y los japoneses muy limpios muy limpios. Pues eso, que será como mezclar churras y merinas, pero yo las mezclo. Y que conste que intento encontrar la clave.2. Rusos. Uuuuuf. No tengo nada contra los rusos, no me malinterpretéis, me encantan Tolstoi, Chejov, Gogol, Lermontov y muchos otros de sus grandísimos escritores, pero es que los del DJ's estaban empeñados en parecerse a mafiosos. Ni una sonrisa. ¿Cómo puede estar uno de copas con la mandíbula apretada? Así el DYC no entra, pero ellos sabrán. De las rusas, ni hablar: altísimas, rubísimas, fatalísimas, como la Reina de las Nieves del cuento aquel, pero con los tacones más largos. Más largos, incluso, que sus faldas. Muchas de ellas colgaban como Monkikis del cuellos de los machos de la tercera minoría del bar: 3. Los zaireños. Por algún misterio de las convenciones entre universidades, alguna de las de Zaire manda a sus alumnos a estudiar chino a Dalian. Lo más normal del mundo, vamos. Los tíos van vestidos como raperos de los ángeles (¿cómo se llaman unos a otros en las pelis americanas? "Tú, negrata", ¿no? Menuda traducción). Las zaireñas también son muy guapas, y también muy peliculeras.
El ambiente era un poco espeso, con tantas ganas de parecer malo. "Tío, este bar es complicadillo", me dice uno de los irlandeses, "los seguratas llevan porras eléctricas por si las moscas." A mí me entran ganas de hablarle de mi amigo el gran S. M., ferrolano, y de cómo unos porteros le dieron con un sillín y un martillo en la cabeza -tropecientas veces- y en los mismísimos h....., pero, ¿cómo hablar de S. en inglés y con la música tan alta? Hay cosas que hay que contarlas con calma, así que, por una vez, dejo pasar la oportunidad de contar un buena historia. La verdad es que me da mucha penilla eso de la globalización de la identidad cultural. ¿Por qué los zaireñoos piden prestada su identidad a sus "descendientes" americanos, si éstos se la han costruido solitos precisamente porque les habían robado las raíces, estaban precisamente en Zaire, entre otros sitios? ¿Y los rusos? ¿Por qué quieren aparentar que están encerrados en San Quintín? Ojalá los rusos fueran más rusos y los zaireños más zaireños, en ese bar. ¡Y ojalá los japoneses y los koreanos llevaran un cartelito para poder distiguirlos! Yo, por lo que parece, tengo el mismo problema: no soy tan español como era de esperar. Derek se pasa la noche entera diciendo "¡ándele!" -ya me había obligado a cantar La bamba en el bar anterior, él a la guitarra-. La californiana no para de gritarme: "¡No mames, güey!" No tiene ni idea de lo que significa, pero se hace una gracia horrible. En la opinión de todo el grupito, debería subirme a un altavoz a bailar un tango, o un bolero, o salsa. Lo importante, parece ser, es que no sea español, a ver cómo les explico... El inglés me dice: "ve y liga", que me suena un poco al "ve y no peques más" de Jesucristo a la mujer adúltera, pero justo al reves. Claro, soy español: llego, le sonrío a la chavala, digo olé, taconeo y hala, otra burlada, como don Juan. Pero qué digo, eso por lo menos sería español de verdad: tendría que cantar una ranchera, o derribarla con mis boleadoras gauchas, como a una vaca. "Me cago en Lucho Gatica, en los Panchos, en Antonio Banderas y en Carlos Baute." Y en el duende de Camarón, que vaya metralla con el flamenco, también. Yo como mucho un chotis o una muñeira, pero me da a mí que no les iba a parecer muy latino -latino de lata, claro, tipo Enrique Inglesias-. ¿Os imagináis si me pongo a bailar en una baldosa sólo, cantando aquello de:

En Chicote un agasajo posti-ne-rocon la crema de la inteletualidáy la gracia de un piropo retre-che-romás castizo que la calle de Alcalá (chotis compues, por cierto, por Agustín Lara, mejicano él)
No me veo, no. En fin, que un rollo, el JD's. No he venido a china para comprarle dos toneladas de crack a Venicio del Toro mientras Andy García planea su venganza en algún agujero de la ciudad. Esos tíos se creen su rollo de negro mafioso y de ruso mafioso, pero yo el de latino mafioso no. Prefiero ir a bares de chinos, que son muy inocentes, y cantan y sortean cosas. A ver si me estreno pronto y os lo cuento.
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16 de Septiembre, 2006
Bueeeno, pues ya van quince días en China, y tengo que decir que el balance es positivo. Por ahora me ha gustado todo, la verdad, aunque me imagino que la cosa se irá equilibrando naturalmente. Me parece que fue hace un año, la primera noche. Los compañeros del departamento me habían dejado ya en casa, a eso de las nueve de la noche. Tenía un Jet lag horroroso. Estaba cansadísimo, pero no conseguía dormir. Hacía también mucho calor, y ni con todas las ventanas de la casa abierta -no lo flipéis, sólo tengo tres-, podía quitarme de encima esa película húmeda propia del calor de las ciudades de costa, mezcla de contaminación y de humedad. Total, que llamé a Derek, un irlandés albino que vive aquí, con el que había entablado contacto a través de internet hace ya unos meses. "¡Hola amigo!", me contesta, porque ha viajado por argentina y por España. Y luego, ya en inglés: "estamos en tal bar, en tal calle -incomprensible, el chino de un irlandés borracho-, vente pacá." "Bueno, Derek, le contesto, es que yo de chino ni flowers, ¿cómo hago?". "Pues me llamas por teléfono cuando estés en el taxi y yo le explico al conductor." "Claro, my friend -como dice siempre Edu González-, pero es que tampoco tengo aún móvil chino, porque acabo de llegar."Silencio."Pues mira, que llame el taxista desde el suyo." Aquello me pareció lo que era: una idea de irlandés borracho en una esquina del mundo. Pero, al fin y al cabo, no tenía nada que perder. Era eso o comer techo con mi amigo el jet lag. Pensé que bueno, que no perdía nada bajando a decírselo al taxista, y que si me mandaba a freír puñetas, pues que me mandara, total no le iba a enteder. Bajo a la calle, cojo una dirección cualquiera, veo al fondo un lugar muy iluminado -un karaoke-, y me acerco. Hay taxis. Llego a lla ventanilla del primero de la cola con pinta de panoli, y le enseño el papelito con el número de Derek. El taxista lo reconoce inmediatamente como un número de móvil, y delante de mis atónitos ojos coge su teléfono y marca el número. Increíble. En seguida se apaña con Derek. Me hace seña de subir, y arranca. Vistas las velocidades estratosféricas que alcanza el cacharro -debía de ser el equivalente a un Talbot-, me pongo el cinturón de seguridad. Enseguida empieza el cachondeo. El conductor me mira con la misma cara que puse yo al ver que llamaba a Derek. Trinca la radio y empieza a decir algo en su bendito idioma. En un pispás tenemos a otros dos taxis escoltándonos por los flancos, mirándome muertos de la risa, sacando casi la cabeza por la ventanilla para no perderse detalle del imbécil Laowai que se ha puesto la cosa negra esa de tela tan incómoda. Uno me hace señales. Sujeta su cinturón mientras levanta el pulgar y dice "Okey, okey." Me parece ver una lagrimilla en su ojo, de la risa. A los diez minutos -una eternidad, me parecieron- se aburren y se largan. Llegamos al bar. Allí está Derek, con el pelo amarillo pollito, como en las fotos de su blog. Está casi ciego, y para ver los mensajes del móvil -los recibe constantemente, parece ser el coordinador de las actividades de su grupo de amigos-, se arrima el aparato al ojo. Os juro que roza la pantalla con las pestañas, mientras los lee. Qué valor, venirse tan lejos de su casa, con ese problema. Diez puntos para él. Y más puntos: tiene una guitarra en las manos, y está cantando canciones irlandesas. Lo hace francamente bien. Nos acompañan más angloparlantes: dos irlandeses, una hawaiana, una californiana, y un inglés borrachísimo la mar de raro que me habla del revolucionario método que ha ideado para aprender chino, y que consite en asignar un color a cada tono. En su cabeza, me explica, cada sílaba de cada palabra que aprende es verde, roja, blanca o amarilla. Una caja de lápices Alpino, vamos. Decido llamarle Simón, por el juego ese de las cuatro luces que hay que repetir.Esto promete. Cuando les digo que soy gallego, uno de los irlandeses se inflama de sentimiento céltico. Empieza la conversación sobre política. Los irlandeses empiezan con los ingleses; la hawaiana, que si Hawaii no es Estados Unidos, y que se vayan. Cuando oye esto, Derek empieza a cantarle al inglés "Go home british soldiers". De repente me doy cuenta de que estoy como en casa. Cambia los gentilicios de los presentes por vasco, catalán, castellano, galllego, y ¡zas! España. No hay nada nuevo bajo el sol. Cómo beben estos tíos. A todos les sorprende que me beba mi cerveza tan despacito. Uno de ellos me dice: "¡Español, que esto no es Listerine, deja de beber a taponazos!" Qué bien, vaya forma de adaptarme. A lo mejor era preferible el jet lag en soledad. Cambiamos de bar. JD's se llama. Un auténtico tugurio. Pero de él ya os hablaré en otro artículo
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14 de Septiembre, 2006
 Este señor de aquí se sienta a la puerta de mi casa para vender mapas, de China y del mundo. Los primeros días quise comprarle uno, pero no los tiene con los nombres en letras occidentales. No salió la compra, pero nos hicimos amigos. Cuando paso por allí siempre da palamaditas en el cemento del bordillo, junto a él, indicando que me siente. Yo voy, claro, y me pongo a su lado. Entonces comienza a charlar conmigo. No abre mucho la boca, pero sonríe siempre. Tiene un deje chuleta muy simpático. No entiendo ni jota de lo que me cuenta. Aprendí, ex profeso para estas pequeñas reuniones, a decir "tin bu ton", no entiendo. Pero a él no le importa. Dice "bah, bah, bah" y hace un gesto con la mano que quiere decir "eso es lo de menos, hombre". Y tiene razón, porque yo me lo paso bomba en su compañía. A lo mejor me habla de los viajes que ha hecho, o de su lugar de origen, porque de vez en cuando señala algunos sitios en el mapa que hay a sus pies. Nuestro encuentros son breves, porque siempre me dirijo a alguna parte, pero siempre, cada vez, tiene un rato para mí. Creo que una de las mejores cosas de mi estancia en China va a ser ir descubriendo poquito a poco lo que mi amigo el mapero quiere decirme. Al final, claro, le compré un mapa, aunque lo entienda tanto como a él. Pensé que dejaría de llamarme para hablar, una vez cumplido su objetivo, pero se ha mantenido fiel a nuestra nueva costumbre. Eso demuestra que somos verdaderos amigos.
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13 de Septiembre, 2006
Un palacio. Aquello era un palacio. Decidimos a última hora ir a cantar, y entramos allí a las once y media de la noche, que en China es una hora más que respetable. Falso marmol, dorados, fuentes con carpas, y una auténtica legión de trabajadores que, uniformados. Sobre su pecho, una tarjetita representando un billete de 10 yuanes -cara de Mao color azulada, como asfixiándose- sobre el que pone su nombre. Nos saludan gritando, y nos acompañan a un supermercado enorme, lleno de bebidas, sulces, frutos secos y fruta ya cortada. Uno de los empleados coje una cestita y nos acompaña, diligente. Va metiendo en ella lo que le señalamos. Un auténtico ritual, esto del karaoke.Por fin terminamos de escoger. "Demasiadas cosas, una exageración", pensaba para mí, acostumbrado a sesiones de karaoke breves en bares cutres. Pero resulta que lo asiáticos se lo montan mejor. Nada de divorciados recientes empinando el codo a la espera de su turno para cantar una de Julio Iglesias, ni borrachos convencidos, dale que dale a Nino Bravo, gustándose sobre el escenario, con sus americanas de hombreras. Ni mucho menos. Una habitación privada, con panel de control para elegir canciones, subir el volumen, aumentar los efectos, o modular el tono de la música. A olvidarse de los librillos de fotocopias amarillentas, con dibujillos de guitarras, guirnaldas y botellas de champán con copitas. Además, un pantallón de televisión que ni en los bares de futboleros, y un sofá a todo trapo, comodísimo, sobre el que te puedes poner de pie si quieres, eso sí, sin zapatos. Y, sobre todo, millones de canciones, principalmente chinas, pero también en inglés -entre ellas, ¡qué felicidad!, grandes éxitos de los 80, como "Wonderful life", "Dolce vita", "The final coutdown" o "wake me up before you go-go". Y con videoclips de calidad, señores, muchos de ellos originales, nada de parejas cuarentonas y tripudas corriendo por la playa a cámara lenta con los zapatos en la mano. Claro, cayeron las siete cervezas, las botellas de agua, los pistachos y las rodajas de sandía. Tres horas que estuvimos. Empieza la sesión con canciones de amor, tristes y lentas. Son las más fáciles de cantar cuando aún se está sobrio. No exigen mucha presencia. Rinconcito en el sofá, y a soltar gorgoritos. Los participantes se miran aún de reojo, y nadie ha sacado aún la cámara de fotos. Tocamos fondo tristísimo con una canción terrible. Sólo os digo que el video empezaba con una niña muerta en la cuneta, eso sí, con el móvil abierto en la mano. Nada presagiaba el siguiente tema, escogido por C., el gran C.: ¡una versión jevi de la internacional en chino, con un video de metaleros melenudos asiáticos pegando saltos que era para verlo! Opa, C., a ti te debemos el éxito de la noche. Una cosa así sólo la hace un valiente. Cómo la cantó. A la mitad nos tenía ya entregados. El aire acondicionado estaba a todo trapo. B. y Y., las chicas, empezaban a subirse a los sofás. B. tiene una voz potentísima, puede subir y bajar lo que le de la gana. Y. también canta fenomenal, pero es dulce y modosita. Desde luego, si estos tres representan al pueblo chino, se puede decir que son una nación con talento musical. Llega mi turno. Sorpresón. Me han elegido una versión de "Corazón de melón", -de melao, dicen ellos, no sé si la habrán cogido del portugués-. La canta un chino rubio con frac que, ante mis atónitos ojos -y oídos- desarrolla una coreografía por lo menos complicadilla. No intento imitarla, claro. La canción acaba pronto. Elijo como segundo tema "Yellow Submarine" por eso de cantarla todos, pero, aunque les suena, no la han oído muchas veces. Increíble, pienso. Pertenecemos a dos mundos diferentes. Esta la pueden cantar hasta las flores, en España. Lo mejor es la versión, que no es la de los Beatles, sino la de unos chinos que imitan su estética. Muy divertido, la verdad, han entendido el espíritu de la canción. Bajan las botellas de Tsingdao -cerveza de la patria chica de C.-. No colaboro, así que me convierto en un espectador privilegiado. Empiezan los temillas más comprometidos, más rockeros, o folklóricos. De repente reparo en que hay una sección en el panel de mandos con unos soldaditos dibujados. ¡Son temas militares! Como si en el karaoke español cantáramos "Banderita tu eres roja", o "El novio de la muerte." Los vídeos son tremendos, uno de ellos en especial, en el que unas jovenes muchachitas uniformadas aparecen marchando y pasándoselo bomba en una especie de campamento de verano al más puro estilo Scout. Una gozada, en fin. Una gran noche. Prometo volver, y esta vez lo daré todo, como los nativos. No he venido a China para hacerme el extranjero remilgado. ¡Karaoke for ever!
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12 de Septiembre, 2006
-¡Eres un 38! ¡Y un 13! -¡Y tú un 250!

Esto podría ser la traducción de una conversación China real. 38 significa "cotilla", "maruja", y 13 y 250 son dos formas diferentes de decir "tonto" -creo que la primera es más propia del sur y la segunda del norte-.
¿Tendrán una lista oficial de insultos que todos, los mil trescientos millones, han memorizado, de modo que puedan insultarse sin dar mal elejemplo a los niños?
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11 de Septiembre, 2006
Y. me dijo ayer que no le gustaba nada comer gasolina. "No me extraña", pensé. Pero era golosinas lo que no le gustaba comer. Hoy, en la cena, me preguntó si no quería tomar de postre "un poquito de sandalia." Rechacé, pero cuando vi que era sandía lo que traían me relajé y probé un poco. Después fui yo quien intentó decir "palillos" en correcto mandarín (algo así como quai tzu), y dije quai shu (¡muére rápido! -cerdo, me faltó añadir-).
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11 de Septiembre, 2006
No me voy a meter a juzgar si lo que voy a contaros es bueno o es malo, pero ilustra bastante bien ciertas diferencias entre la mentalidad china y la española. Y., mi compañera del departamento, me habló hace unos días de varios alumnos que van a repetir primero por la razon por la que se suele repetir la gran mayoría de las veces: por lo visto no han estudiado demasiad o. Pues ayer estábamos comiendo, a eso de las 11'30, cuando sonó el teléfono de Y. La llamada la mantuvo ocupada un buen rato. Al acabar me preguntó: "¿sabes quién era?" Ni idea, claro está, porque de chino ni papa, así que no había podido seguir la conversación. Pues resulta, mira tú, que era la madre de uno de esos alumnos vaguetes de los que me había hablado, para... ¡pedirle perdón por no conseguir que su hijo estudiara más! La mujer estaba arrepentida de no haber seguido más de cerca a su hijo. Increíble para un profesor español, que lo que se encuentra de vez en cuando son papás que preguntan airados por qué razón su hijo, listo donde los haya, ha suspendido, en ocasiones incluso de malas maneras. Lo dicho, dos mundos diferentes. Aunque en los dos hay vagos, parece ser.
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